Everest 2000

El Everest cima conquistada el 27 de mayo de 2.000 con la única compañía del sherpa Lackpa, convirtiéndome en el primer Cántabro en lograr esta cumbre y el 5º Español por la cara norte. Una expedición que tuvo una duración de dos meses y en el que compartíamos permiso con la expedición vasca compuesta por Iosu Feijoo, Willy Bañales, Edurne Pasaban y Angel Navas, el asturiano Cipri López el argentino Gustavo Lisi los italianos Silvio Mondinelli y Mario Merelli y Yo.
Si bien cuando partí hacia la montaña más alta del planeta, mi intención era solamente vivir una bonita experiencia en el grandioso Everest, lo cierto es que a medida que pasaban los días y con una aclimatación que a la postre sería la ideal, me veía cada vez con más ganas y fuerzas para ascender lo más alto posible. Y así poco a poco y comparando mis fuerzas a las de otros grandes alpinistas, comprobaba que ¿por qué yo no podría intentar la cumbre?. Así lo hice y tuve la suerte del principiante aunque pagué un precio muy alto al tener que vivaquear a 8.600 m. de altura por culpa de la intensa niebla que no me dejaba ver más allá de los 8 - 10 metros.
Al día siguiente conseguí llegar a la tienda del campo III donde sufrí el robo más increíble de la historia.."las fotos de cumbre",,,,,
Premio SGE Viaje del Año -2000
Juan Carlos González natural de Castro Urdiales, protagonista en solitario de una insólita ascensión al Everest, sin apoyos logísticos de importancia, prueba del mayor espíritu aventurero.

Expedición al Everest 2.000

Intentaré explicar cómo viví todo lo que a mí alrededor sucedió y sentí como una experiencia única cuando comenzó a gestarse la expedición al Everest. Distinguiré todo este proceso en cuatro partes que considero esenciales.

La preparación física
La preparación Psicológica
La Aclimatación
La decisión de ir a cumbre

La preparación física : Es muy importante pero no es fundamental. En mi caso llevo unos 25 años practicando el cicloturismo casi de competición, entrenando casi a diario con una media anual de entre 10.000 y 16.000 kilómetros. Y no cabe duda que ha sido esta práctica deportiva, la que me ha dado un fondo lo suficientemente importante como para resistir largas jornadas, como las que se necesitan para el ascenso de grandes montañas. A esto hay que añadir que los últimos tres años, me he dedicado más específicamente a la montaña, con viajes a los Andes, a los Alpes y prácticamente todos los fines de semana a los Pirineos o a los Picos de Europa.
Desde que supe que iba al Everest, unos 5 meses antes, el entrenamiento era a diario, después del trabajo, siempre sacaba unas dos o tres horas (a veces de noche) para subir al Gorbea o ir al San Lorenzo (La Rioja), como anécdota, diré que al Gorbea ascendí unas 70 veces y otras 25 al San Lorenzo. Los fines de semana aprovechaba para acudir a los Pirineos principalmente. Y cuando esto no era posible porque la búsqueda de espónsores era imprescindible, salía a correr para hacer fondo, (no daba importancia al tiempo que empleaba en recorrer esas distancias sino a la distancia), solía hacer unos 20 kilómetros. Una semana antes de salir hacia Kathmandú, dejé los entrenamientos para coger algo más de peso. En cualquier caso, una vez en Nepal, la preparación física sigue su curso y es aquí donde se llega al momento cumbre de tus facultades.
Es en el treking de aclimatación donde notas que físicamente estás casi al cien por cien. A partir de aquí la forma física la mantienes hasta el último día.

La preparación Psicológica : Creo que es uno de los factores que no se suele tener en cuenta y es sino fundamental, si muy importante, que no hay que descuidar en ningún momento. Quizás aquí hay que utilizar cada uno su propia estrategia, aunque no estaría de más consultar con expertos para seguir unas pautas. Yo desde el principio, hacía ejercicios mentales para concienciarme que mi estancia en el Himalaya iba a ser muy larga y penosa, y que quizás el aburrimiento y la añoranza de mi familia podrían ser un factor determinante para abandonar antes de lo previsto, cosa que ocurrió en alpinistas que estuvieron en aquellas laderas del Himalaya. Yo tenía mucho miedo a la distancia con respecto a mi familia, pues soy muy casero y me gusta estar mucho en mi casa disfrutando con ellos, mi mujer lo dijo en una ocasión y es muy cierto, y es que si pudiera, traería al Everest cerca de casa para poder disfrutar de los dos, y ¡quién no!.
En este aspecto, además de la mentalización diaria y sobre todo cuando ya estás inmerso en la expedición hay que añadir la comunicación con el exterior, en mi caso telefónico, que hace más llevadero el problema de la distancia. Nosotros llevamos un teléfono vía satélite (bueno creo que todas las expediciones lo llevaban) y el poder comunicar con familiares, prensa etc., de alguna manera, era como volver a casa de inmediato, dándote ánimos para seguir adelante.

La Aclimatación : ¡fundamental !es fundamental, puedes ir preparado físicamente y psicológicamente muy bien pero si no aclimatas lo suficientemente bien como para llevar adelante una empresa de este calibre, no tienes nada que hacer. Yo antes de ir directamente al campo base del Everest, lo que hice, fue llevar a cabo un periodo de aclimatación que duraría aproximadamente 12 días y que se desarrollaría en el Himalaya en su parte Nepalí y así "mataría dos pájaros de un tiro" aclimatar y no aburrirme de estar tanto tiempo en un mismo lugar.
En esta zona, iríamos ascendiendo desde una altitud aproximada de 2.000 m que llegaríamos en avioneta, hasta los 5.500 m. Que iríamos ascendiendo poco a poco parando a descansar al atardecer en los poblados del Nepal que ya está preparado para este tipo de turismo. Como anécdota, comentaré que en el primer poblado que paramos a dormir, creo que se llamaba Phakding a unos 2.900 m, ya me tuve que tomar la primera aspirina, pues la cabeza empezaba a notar los primeros síntomas de la altura. A pesar de ello y teniendo en cuenta que siempre se me ha dicho que hay que andar despacio para aclimatar mejor, no hice caso e intentaba forzar la marcha pues creía que tendría tiempo de recuperar y que lo que provocaría según mi criterio, sería una mejor aclimatación. Quizás esto me llevó a un desajuste mayor de mi cuerpo, pero en la medida que iba ascendiendo, me encontraba al menos muy bien teniendo en cuenta que iba con un grupo de 5 compañeros más y me servían de referencia. Según mi comportamiento físico y la respuesta que también de ellos tenía, comprobaba que el sistema que yo estaba utilizando quizás me llevaría al éxito y desde luego que siempre que podía, después de llegar a los puntos de descanso para pernoctar, seguía moviéndome aunque solamente fuera para subir desniveles de tan solo 50 o 100m.
Que ya a una altura superior a los 4.000 metros supone un auténtico esfuerzo.
Una vez terminado el treking de aclimatación y comprobado que en comparación con los demás compañeros, mi cuerpo había reaccionado de forma espléndida, volvimos a Kathmandú para iniciar la aproximación al Campo Base Chino del Everest. Aquí llegaríamos ya de forma rápida, (con vehículos todoterreno) y lo cierto es que nos presentamos en 3 día a 5.200 m. Sin ningún tipo de problemas provocados por la altura, eso sí, los tres días que estuvimos en este campo, aproveché para seguir aclimatando y me hice dos montes de unos 6.000 metros es decir hacer desniveles de unos 800 metros, que ciertamente, es un esfuerzo en ocasiones excepcionales para conseguirlo, pero que tienes que tener siempre presente que la aclimatación no se debe descuidar. También tuve ocasiones para sentirme realmente mal, con síntomas claros del mal de altura, náuseas, dolor de cabeza, excesivo frío, cansancio, etc., esto reflejará que tu cuerpo aún no está en condiciones de acometer retos importantes.
El ascenso al Campo Base Avanzado (ABC), que está situado a 6.400 metros, ya empezó a complicarme las cosas pues aquí es donde te tienes que tomar las cosas con calma en todos los sentidos. En este lugar íbamos a permanecer aproximadamente unos 45 días y son los primeros días donde todos los síntomas de la mala aclimatación van a convivir conmigo.
Con el primer ascenso al Campamento I situado a 7.100 metros, llegaría en mi caso el momento más delicado, en cuanto a la aclimatación se refiere, de mi experiencia en el Everest. Ya que además de equivocarme y llevar encima una mochila de unos 20 kilos, el ascenso de una pala con una fuerte pendiente de unos 400 metros de desnivel, hizo que llegase al campo uno, en unas condiciones de agotamiento, al menos para mí preocupantes con vistas a un futuro próximo. Recuerdo que cuando me faltaban unos 50 metros para llegar a las tiendas, me crucé con Juanito Oiarzabal que bajaba hacia el CBA y creo que me vio tan agotado que me aconsejó que dejara el material correspondiente en las tiendas y me volviera al ABC, que en ningún caso me quedara a dormir esa noche allí arriba. Hice caso de ese consejo y me volví al Campo Base Avanzado para descansar. Cuando ya descendía, el cuerpo comenzó a mejorar sensiblemente, lo que me hizo plantearme un nuevo ascenso al Campo I y esta vez para quedarme a dormir y comprobar la respuesta corporal. Así fue y a los dos días volví a subir y en esta ocasión a demás de tardar bastante menos en llegar, mi cuerpo estaba, afectado por la altura claro, pero en unas condiciones muy aceptables, quizás aquí hay que recalcar que ahora mi forma de moverme en la montaña ha cambiado completamente, el paso es más tranquilo que en el treking, pues ahora lo que quiero es asegurar la ascensión para conseguir llegar lo más alto posible.
Después de unos cuantos minutos de descanso, mi situación era casi como en el ABC. Esa noche me quedé a dormir y lo hice aceptablemente, teniendo en cuenta que hizo mucho viento, como anécdota, esa noche el viento se llevó dos tiendas de unos Rusos. Pero dormí bastante bien usando dos aspirinas una al llegar como precaución y otra a media noche, que me desperté con dolor de cabeza. A la mañana siguiente el día era soleado pero seguía el viento, me encontraba bien y eufórico pues el cuerpo parece que respondía. Y seguí pensando en la aclimatación e inicié el ascenso hacia el Campo II pero cuando salí del resguardo que hace una pared de hielo que hay en el Campo I, el viento era tan fuerte que no te dejaba caminar, lo que opté por bajar al ABC.
Después de descansar unos días en el Base, volví a subir y esta vez con la intención de llegar al Campo II. Siempre que subiría haría noche en cada campo, es decir llegué al Campo I y pernocté y a la mañana siguiente, inicié el ascenso al Campo II situado a 7.800 metros de altura y que para llegar hay que subir por una fuerte pala de nieve y hielo larga, larguísima y sin puntos de referencia, es decir casi recta, parece que no llegas nunca y por supuesto que la altura cada vez te lo pone aún más difícil.
Es a partir de aquí donde voy a comprobar que la aclimatación que hasta ahora había llevado, era la correcta, pues cuando llegamos a este Campo II, compruebo que mis compañeros pasan una noche poco agradable, mientras que yo conseguí dormir 6 horas, cosa que me pareció fantástico y al mismo tiempo me daba alas para seguir soñando.
Volvimos a bajar al ABC y ahora parte del grupo decidimos bajar aún más para aplicar una teoría que se está llevando a cabo desde hace unos años y es bajarse a alturas muy inferiores para que se recupere el cuerpo. En esta ocasión, nos bajamos al Campo Base Chino a 5.200 m. para descansar tres días, y aquí lo que hacemos es pasear porque el objetivo es ese, descansar .

Volvemos a subir al ABC y después del correspondiente descanso y dejando pasar los días de mal tiempo, vuelvo a subir al Campo II, siempre pernoctando en el Campo I. Y en esta ocasión el descanso en el Campo Base Chino se deja notar, además de quitar las toses de rigor, veo como el paso a esas alturas es más ligero, con el mismo esfuerzo, está claro que la buena aclimatación está haciendo efecto. Llegamos al Campo II y como el tiempo es bueno, el descanso se hace en buenas condiciones durmiendo prácticamente toda la noche. Al día siguiente inicio el ascenso para conseguir los 8.000 metros cosa que logro sin dificultad. Para mí este era el objetivo principal, teniendo en cuenta que no tenía experiencia, (en alturas superiores a los 7.000 metros). Pero también me hace pensar que la cumbre puede ser posible ya que mi cuerpo está respondiendo perfectamente y siempre comparando mi estado físico con mis compañeros y demás alpinistas que allí se encontraban y que tenían previsto atacar la cumbre en el momento adecuado.
Ahora lo que nos planteamos es volver a recuperar el cuerpo para el ataque final y lo que hicimos es bajamos a un poblado que está situado a 4.400 metros y allí permanecer otros tres días con el fin de alimentamos bien y descansar todo lo posible. Quizás este fue uno de los momentos claves en la aclimatación a la hora de iniciar el ataque a la cumbre.
Después de sufrir el castigo que los 8.000 metros nos había sometido, era imprescindible recuperar. Con la vuelta al ABC, el periodo de aclimatación,había concluido, ahora la suerte y la climatología jugarían un papel primordial.

La decisión de ir a la cumbre :No cabe duda que la decisión de ir a la cumbre, es un factor clave, sabes que las cumbres presentan las mayores dificultades y que si hasta ahora las cosas no habían sido fáciles, la cumbre presentaría el mayor peligro y que tu vida podría estar en juego. Entonces hay que valorar tus posibilidades, contra los riesgos que a partir de ahora te vas encontrar. Esta decisión no se toma a la ligera, sino que la das muchas vueltas y te quita alguna hora de sueño. Una vez tomada la decisión, hay que hacer un esquema mental de cómo serán