Intentaré explicar
cómo
viví todo
lo
que
a
mí alrededor
sucedió y
sentí como
una
experiencia única
cuando
comenzó a
gestarse
la
expedición
al
Everest.
Distinguiré todo
este
proceso
en
cuatro
partes
que
considero
esenciales.
La
preparación
física
La
preparación
Psicológica
La
Aclimatación
La
decisión
de
ir
a
cumbre
La
preparación
física :
Es
muy
importante
pero
no
es
fundamental.
En
mi
caso
llevo
unos
25
años
practicando
el
cicloturismo
casi
de
competición,
entrenando
casi
a
diario
con
una
media
anual
de
entre
10.000 y
16.000
kilómetros.
Y
no
cabe
duda
que
ha
sido
esta
práctica
deportiva,
la
que
me
ha
dado
un
fondo
lo
suficientemente
importante
como
para
resistir
largas
jornadas,
como
las
que
se
necesitan
para
el
ascenso
de
grandes
montañas.
A
esto
hay
que
añadir
que
los últimos
tres
años,
me
he
dedicado
más
específicamente
a
la
montaña,
con
viajes
a
los
Andes,
a
los
Alpes
y
prácticamente
todos
los
fines
de
semana
a
los
Pirineos
o
a
los
Picos
de
Europa.
Desde
que
supe
que
iba
al
Everest,
unos
5
meses
antes,
el
entrenamiento
era
a
diario, después del trabajo, siempre sacaba unas dos o tres horas (a veces
de noche) para subir al Gorbea o ir al San Lorenzo (La Rioja), como anécdota,
diré que al Gorbea ascendí unas 70 veces y otras 25 al
San Lorenzo. Los fines de semana aprovechaba para acudir a los Pirineos principalmente.
Y cuando esto no era posible porque la búsqueda de espónsores era
imprescindible, salía a correr para hacer fondo, (no daba importancia
al tiempo que empleaba en recorrer esas distancias sino a la distancia), solía
hacer unos 20 kilómetros. Una semana antes de salir hacia Kathmandú,
dejé los entrenamientos para coger algo más de peso. En cualquier
caso, una vez en Nepal, la preparación física sigue su curso y
es aquí donde se llega al momento cumbre de tus facultades.
Es en el treking de aclimatación donde notas que físicamente estás
casi al cien por cien. A partir de aquí la forma física la mantienes
hasta el último día.
La
preparación
Psicológica :
Creo
que
es
uno
de
los
factores
que
no
se
suele
tener
en
cuenta
y
es
sino
fundamental,
si
muy
importante,
que
no
hay
que
descuidar
en
ningún
momento.
Quizás
aquí hay
que
utilizar
cada
uno
su
propia
estrategia,
aunque
no
estaría
de
más
consultar
con
expertos
para
seguir
unas
pautas.
Yo
desde
el
principio,
hacía
ejercicios
mentales
para
concienciarme
que
mi
estancia
en
el
Himalaya
iba
a
ser
muy
larga
y
penosa,
y
que
quizás
el
aburrimiento
y
la
añoranza
de
mi
familia
podrían
ser
un
factor
determinante
para
abandonar
antes
de
lo
previsto,
cosa
que
ocurrió en
alpinistas
que
estuvieron
en
aquellas
laderas
del
Himalaya.
Yo
tenía
mucho
miedo
a
la
distancia
con
respecto
a
mi
familia,
pues
soy
muy
casero
y
me
gusta
estar
mucho
en
mi
casa
disfrutando
con
ellos,
mi
mujer
lo
dijo
en
una
ocasión
y
es
muy
cierto,
y
es
que si
pudiera,
traería
al
Everest
cerca
de
casa
para
poder
disfrutar
de
los
dos, y ¡quién
no!.
En este aspecto, además de la mentalización diaria y sobre todo
cuando ya estás inmerso en la expedición hay que añadir
la comunicación con el exterior, en mi caso telefónico, que hace
más llevadero el problema de la distancia. Nosotros llevamos un teléfono
vía satélite (bueno creo que todas las expediciones lo llevaban)
y el poder comunicar con familiares, prensa etc., de alguna manera, era como
volver a casa de inmediato, dándote ánimos para seguir adelante.
La
Aclimatación : ¡fundamental !es
fundamental,
puedes
ir
preparado
físicamente
y
psicológicamente
muy
bien
pero
si
no
aclimatas
lo
suficientemente
bien
como
para
llevar
adelante
una
empresa
de
este
calibre,
no
tienes
nada
que
hacer.
Yo
antes
de
ir
directamente
al
campo
base
del
Everest,
lo
que
hice,
fue
llevar
a
cabo
un
periodo
de
aclimatación
que
duraría
aproximadamente
12
días
y
que
se desarrollaría en
el
Himalaya
en
su
parte
Nepalí y
así "mataría
dos
pájaros
de
un
tiro" aclimatar
y
no
aburrirme
de
estar
tanto
tiempo
en
un
mismo
lugar.
En esta zona, iríamos ascendiendo desde una altitud
aproximada de 2.000 m que llegaríamos en avioneta,
hasta los 5.500 m. Que iríamos ascendiendo poco a
poco parando a descansar al atardecer en los poblados del
Nepal que ya está preparado para este tipo de turismo.
Como anécdota, comentaré que en el primer poblado
que paramos a dormir, creo que se llamaba Phakding a unos
2.900 m, ya me tuve que tomar la primera aspirina, pues la
cabeza empezaba a notar los primeros síntomas de la
altura. A pesar de ello y teniendo en cuenta que siempre
se me ha dicho que hay que andar despacio para aclimatar
mejor, no hice caso e intentaba forzar la marcha pues creía
que tendría tiempo de recuperar y que lo que provocaría
según mi criterio, sería una mejor aclimatación.
Quizás esto me llevó a un desajuste mayor de
mi cuerpo, pero en la medida que iba ascendiendo, me encontraba
al menos muy bien teniendo en cuenta que iba con un grupo
de 5 compañeros más y me servían de
referencia. Según mi comportamiento físico
y la respuesta que también de ellos tenía,
comprobaba que el sistema que yo estaba utilizando quizás
me llevaría al éxito y desde luego que siempre
que podía, después de llegar a los puntos de
descanso para pernoctar, seguía moviéndome
aunque solamente fuera para subir desniveles de tan solo
50 o 100m.
Que ya a una altura superior a los 4.000 metros supone un
auténtico esfuerzo.
Una vez terminado el treking de aclimatación y comprobado
que en comparación con los demás compañeros,
mi cuerpo había reaccionado de forma espléndida,
volvimos a Kathmandú para iniciar la aproximación
al Campo Base Chino del Everest. Aquí llegaríamos
ya de forma rápida, (con vehículos todoterreno)
y lo cierto es que nos presentamos en 3 día a 5.200
m. Sin ningún tipo de problemas provocados por la
altura, eso sí, los tres días que estuvimos
en este campo, aproveché para seguir aclimatando y
me hice dos montes de unos 6.000 metros es decir hacer desniveles
de unos 800 metros, que ciertamente, es un esfuerzo en ocasiones
excepcionales para conseguirlo, pero que tienes que tener
siempre presente que la aclimatación no
se
debe
descuidar.
También
tuve ocasiones
para sentirme
realmente mal,
con síntomas
claros del
mal de
altura, náuseas,
dolor de
cabeza, excesivo
frío,
cansancio, etc.,
esto reflejará que
tu cuerpo
aún
no está en
condiciones
de
acometer
retos
importantes.
El
ascenso
al
Campo
Base
Avanzado
(ABC),
que
está situado
a 6.400 metros, ya empezó a complicarme las cosas
pues aquí es donde te tienes que tomar las cosas con
calma en todos los sentidos. En este lugar íbamos
a permanecer aproximadamente unos 45 días y son los
primeros días donde todos los síntomas de la
mala aclimatación van a convivir conmigo.
Con
el primer
ascenso al
Campamento I
situado a
7.100 metros,
llegaría
en
mi
caso
el
momento
más
delicado,
en
cuanto
a
la
aclimatación
se
refiere,
de
mi
experiencia
en
el
Everest.
Ya
que
además
de
equivocarme
y
llevar
encima
una
mochila
de
unos
20
kilos,
el
ascenso
de
una
pala
con
una
fuerte
pendiente
de
unos
400
metros
de
desnivel,
hizo
que
llegase
al
campo
uno,
en
unas
condiciones
de
agotamiento,
al
menos
para
mí preocupantes
con
vistas
a
un
futuro
próximo.
Recuerdo
que
cuando
me
faltaban
unos
50
metros
para
llegar
a
las
tiendas,
me
crucé con
Juanito
Oiarzabal
que
bajaba
hacia
el
CBA
y
creo
que
me
vio
tan
agotado
que
me
aconsejó que
dejara
el
material
correspondiente
en
las
tiendas
y
me
volviera
al
ABC,
que
en
ningún
caso
me
quedara
a
dormir
esa
noche
allí arriba.
Hice
caso
de
ese
consejo
y
me
volví al
Campo
Base
Avanzado
para
descansar.
Cuando
ya
descendía,
el
cuerpo
comenzó a
mejorar
sensiblemente,
lo
que
me
hizo
plantearme
un
nuevo
ascenso
al
Campo
I
y
esta
vez
para
quedarme
a
dormir
y
comprobar
la
respuesta
corporal.
Así fue
y
a
los
dos
días
volví a
subir
y
en
esta
ocasión
a
demás
de
tardar
bastante
menos
en
llegar,
mi
cuerpo
estaba,
afectado
por
la
altura
claro,
pero
en
unas
condiciones
muy
aceptables,
quizás
aquí hay
que
recalcar
que
ahora
mi
forma
de
moverme
en
la
montaña
ha
cambiado
completamente,
el
paso
es
más
tranquilo
que
en
el
treking,
pues
ahora
lo
que
quiero
es
asegurar
la
ascensión
para
conseguir
llegar
lo
más
alto
posible.
Después de unos cuantos minutos de descanso, mi situación era casi
como en el ABC. Esa noche me quedé a dormir y lo hice aceptablemente,
teniendo en cuenta que hizo mucho viento, como anécdota, esa noche el
viento se llevó dos tiendas de unos Rusos. Pero dormí bastante
bien usando dos aspirinas una al llegar como precaución y otra a media
noche, que me desperté con dolor de cabeza. A la mañana siguiente
el día era soleado pero seguía el viento, me encontraba bien y
eufórico pues el cuerpo parece que respondía. Y seguí pensando
en la aclimatación e inicié el ascenso hacia el Campo II pero cuando
salí del resguardo que hace una pared de hielo que hay en el Campo I,
el viento era tan fuerte que no te dejaba caminar, lo que opté por bajar
al ABC.
Después de descansar unos días en el Base, volví a subir
y esta vez con la intención de llegar al Campo II. Siempre que subiría
haría noche en cada campo, es decir llegué al Campo I y pernocté y
a la mañana siguiente, inicié el ascenso al Campo II situado a
7.800 metros de altura y que para llegar hay que subir por una fuerte pala de
nieve y hielo larga, larguísima y sin puntos de referencia, es decir casi
recta, parece que no llegas nunca y por supuesto que la altura cada vez te lo
pone aún más difícil.
Es a partir de aquí donde voy a comprobar que la aclimatación que
hasta ahora había llevado, era la correcta, pues cuando llegamos a este
Campo II, compruebo que mis compañeros pasan una noche poco agradable,
mientras que yo conseguí dormir 6 horas, cosa que me pareció fantástico
y al mismo tiempo me daba alas para seguir soñando.
Volvimos a bajar al ABC y ahora parte del grupo decidimos bajar aún más
para aplicar una teoría que se está llevando a cabo desde hace
unos años y es bajarse a alturas muy inferiores para que se recupere el
cuerpo. En esta ocasión, nos bajamos al Campo Base Chino a 5.200 m. para
descansar tres días, y aquí lo que hacemos es pasear porque el
objetivo es ese, descansar .
Volvemos
a
subir
al
ABC
y
después
del
correspondiente
descanso
y
dejando
pasar
los
días
de
mal
tiempo,
vuelvo
a
subir
al
Campo
II,
siempre
pernoctando
en
el
Campo
I.
Y
en
esta
ocasión
el
descanso
en
el
Campo
Base
Chino
se
deja
notar,
además
de
quitar
las
toses
de
rigor,
veo
como
el
paso
a
esas
alturas
es
más
ligero,
con
el
mismo
esfuerzo,
está claro
que
la
buena
aclimatación
está haciendo
efecto.
Llegamos
al
Campo
II
y
como
el
tiempo
es
bueno,
el
descanso
se
hace
en
buenas
condiciones
durmiendo
prácticamente
toda
la
noche.
Al
día
siguiente
inicio
el
ascenso
para
conseguir
los
8.000
metros
cosa
que
logro
sin
dificultad.
Para
mí este
era
el
objetivo
principal,
teniendo
en
cuenta
que
no
tenía
experiencia,
(en
alturas
superiores
a
los
7.000
metros).
Pero
también
me
hace
pensar
que
la
cumbre
puede
ser
posible
ya
que
mi
cuerpo
está respondiendo
perfectamente
y
siempre
comparando
mi
estado
físico
con
mis
compañeros
y
demás
alpinistas
que
allí se
encontraban
y
que
tenían
previsto
atacar
la
cumbre
en
el
momento
adecuado.
Ahora lo que nos planteamos es volver a recuperar el cuerpo para el ataque final
y lo que hicimos es bajamos a un poblado que está situado a 4.400 metros
y allí permanecer otros tres días con el fin de alimentamos bien
y descansar todo lo posible. Quizás este fue uno de los momentos claves
en la aclimatación a la hora de iniciar el ataque a la cumbre.
Después de sufrir el castigo que los 8.000 metros nos había sometido,
era imprescindible recuperar. Con la vuelta al ABC, el periodo de aclimatación,había
concluido, ahora la suerte y la climatología jugarían un papel
primordial.
La
decisión
de
ir
a
la
cumbre :No
cabe
duda
que
la
decisión
de
ir
a
la
cumbre,
es
un
factor
clave,
sabes
que
las
cumbres
presentan
las
mayores
dificultades
y
que
si
hasta
ahora
las
cosas
no
habían
sido
fáciles,
la
cumbre
presentaría
el
mayor
peligro
y
que
tu
vida
podría
estar
en
juego.
Entonces
hay
que
valorar
tus
posibilidades,
contra
los
riesgos
que
a
partir
de
ahora
te
vas
encontrar.
Esta
decisión
no
se
toma
a
la
ligera,
sino
que
la
das
muchas
vueltas
y
te
quita
alguna
hora
de
sueño.
Una
vez
tomada
la
decisión,
hay
que
hacer
un
esquema
mental
de
cómo
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